jueves, 21 de septiembre de 2017

Seducción

Escorporal, que no nos visitaba desde hacía tiempo, pone este alacrán en boca de esas mujeres cuyos encantos no siempre les procuran los resultados apetecidos:

Siempre atraigo a tipos raros
con mi incógnita belleza,
pues nunca me tocan palmas
y siempre me tocan pelmas.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

EL LOBO CON PIEL DE CORDERO

Filosón, que está en racha, nos brinda hoy una fábula que se quiebra de trascendente y filosófica y existencial y todos los calificativos más sesudos que quieran aplicársele:

Soy un ser de treinta cuerpos,
de treinta cuerpos cabales;
los reparto por el tiempo
y copio en todos mi imagen.
Desde que sabe la Química
que nuestro organismo frágil
regenera por completo
sus tejidos celulares
cada tres años, no vivo.
¡Pensar que miro mi carne
y hoy no tiene que ver nada
con la de tres años antes,
pensar que tuve otro cuerpo
del que ocupo en este instante,
me marea, nos marea,
me convierte en mil plurales!
¿Qué soy, qué somos entonces?
¿Un recambio reciclable
que se reencarna en sí mismo
como el pellejo de un áspid?
Hay un demiurgo sin seso
que se encarga de sumarme
añadiendo al yo obsoleto
un yo moderno, más ágil
y actualizado. ¡Qué chasco!
¡Qué sensación de ser nadie!
Triste de mí que entendí
el axioma de Descartes
como Cogito, ergo sum,
sin captar todo su alcance,
que es Cogito, ergo sumamos:
piel más piel, sangre más sangre.
«Se admiten solicitudes
de ingreso en esta vacante
para cuerpos interinos
candidatos a cadáver.
Mal ambiente de existencia,
y en tres años a la calle».
Esto reza en mis efímeros
cromosomas. Lo intrigante
es saber quién o qué cosa
justifica que me llame
con un nombre solamente,
pese a mis mudas trienales.
¿Qué le queda al río Tajo
de Tajo cuando su cauce
ve pasar cada segundo
agua distinta a raudales?
Muerte, morte, mort, mors, thánatos
¿Qué es lo que hace semejantes
a sonidos tan distintos?
¿Sigue siendo el de Cervantes
un Quijote publicado
por cien mil editoriales?
Yo grito sí, que hay un uno
que vence a los numerales
y a la absurda sucesión
aritmética de gajes.
Algo vive en estos cuerpos
que se puede llamar alguien
y que yo familiarmente
llamo yo, que soy el cauce
por donde fluyen las aguas
de mis cuerpos desechables;
soy el concepto que une
los numerosos lenguajes
en que el mundo me traduce;
y soy el fiel personaje
que siempre espera a la vuelta
de la esquina a sus disfraces.
Me paseo por el tiempo 
desgastando viejos trajes
y fundando nuevos cuerpos
sobre futuros fiambres.
Como aquel lobo ya viejo
que, perdidos los arranques
de su eximia lobatez,
empezó a padecer hambre.
Echó mano de su ingenio
y discurrió disfrazarse
de perro pastor. Entrando
en un rebaño no obstante,
puso en fuga a las ovejas,
que se rumiaron el fraude.
La alimaña, escarmentada,
probó de nuevo a infiltrarse
en la majada pacífica
con un disfraz formidable
de oveja, balando y todo.
Mas las ovejas sagaces
huyeron despavoridas.
Torna de nuevo a mudarse,
esta vez en corderito.
Torna de nuevo a ahuyentarse
el prevenido redil.
«Pero ¿cómo sois capaces
―les espeta ya harto el lobo―
de conocerme al instante?
Más que ovinas, sois zorrunas».
Y las ovejas, mofándose:
«Porque a pesar de la lana,
se te ven siempre las fauces».
Moraleja: ¿este poema
es una fábula? Casi
casi parece que no,
pero pese a su ropaje
filosófico-ontológico,
la animalada la trae;
y en lugar de corolario,
trae encajada en esta parte
una fácil moraleja
para imprimirle carácter.
Ergo soy un solo ser
a pesar de tantas carnes.



martes, 19 de septiembre de 2017

Dioses

Las tres religiones monoteístas no se entienden entre sí. Observad este diálogo recogido por Filosón:

―¿A quién crees más de los dos:
al que jura por Alá 
o al que lo hace por Jehová?
―¿Yo? Al que me jura por Dios.


lunes, 18 de septiembre de 2017

El pincel y el botón

La artesanía contra la tecnología según Filosón:

¿Sale guapa en esa foto?
El mérito es de ella y Dios.
¿Sale guapa en ese cuadro?
El mérito es del pintor. 


sábado, 16 de septiembre de 2017

Día festivo: un poema de Arriaza

Hoy va la cosa también de humor, el humor más superficial que se despacha (y que, sin embargo, cuesta un ímprobo trabajo al poeta): el de cómo suenan las palabras. Juan Bautista Arriaza (1770-1837) desafía en estas dos décimas la buena salud de nuestra laringe:

Dijo un jaque de Jerez
con su faja y traje majo:
- A todos en juego atajo,
que soy jaque de Jerez.
Y un gitano que el jaez
aflojaba a un jaco cojo,
cogió, con terrible enojo,
de esquilar la tijereta,
y le dijo: - Por la jeta
te la encajo si te cojo.
- ¡Nadie me moja la oreja!
Dijo el jaque y arrempuja.
Uno aguija, otro no ceja,
coge coraje la puja.
En jarana tan pareja,
el jaco cojo se encaja,
y tales coces baraja,
con la punta del zancajo,
que hizo entrar sin gran trabajo
al gitano y jaque en caja.





viernes, 15 de septiembre de 2017

Epitafio de un objeto

Alacráneo consigna aquí el epitafio que quiere para sí un objeto tan necesario para muchos:

Última voluntad
del cigarrillo:
quiero que me incineren
sin pompa y ruido;
y que mi alma
ascienda en las volutas
de una calada.




jueves, 14 de septiembre de 2017

Algo bonito

Endúlzanos el día, Candidalgia:

Dame besitos de azúcar,
besitos de cañaduz,
que cuando no tengo dulce,
mi gominola eres tú.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Discriminación ¿positiva?

Ponzoñón no quiere herir susceptibilidades, sino plantearnos un interrogante:

Para que puedan tener
hombre y mujer igualdad,
¿debe haber desigualdad
en favor de la mujer?


martes, 12 de septiembre de 2017

Lápiz y papel

Histeriador vuelve con su sal. Que no escueza:

―¿Qué dos cosas llevarías
a una isla desierta?―. Ésta 
fue la pregunta propuesta 
a un bombón de nuestros días.

Poniendo ojitos de miel,
adoptó un gesto modesto 
y contestó: ―Por supuesto,
sólo lápiz y papel.

Omitió por miedo escénico 
sus verdaderos antojos:
el lápiz, lápiz de ojos,
y el papel, papel higiénico.



lunes, 11 de septiembre de 2017

La encajera

Fijaos qué patochada se le ocurrió a Chis el día que conoció el celebérrimo cuadro de Vermeer:

¡Qué dolor de espalda y cuello
arrastró tras tanta espera
la mujer de rostro bello
que posó como Encajera!





sábado, 9 de septiembre de 2017

Las gramáticas del tiempo, un libro de Javier Gallego

Las gramáticas del tiempo (Takara Editorial, 2017) es el título de la primera colección de poemas publicada por el escritor Javier Gallego, excelente historiador y perspicaz sociólogo, como demuestran los artículos de su bitácora Profundamente superficial. No descubriré América si digo que el meollo temático de su poemario es el paso del tiempo, lo que embarga de inexorable pesimismo la mayoría de las composiciones. 

A su dictado nos sometemos los humanos
y todo cuanto hay en la tierra.
Entendemos mal
y creemos que comete faltas de ortografía y dicción.

Algunos versos denotan la frustración o, más que frustración, el enfado que provoca consignar que los objetos inertes más baladíes perdurarán en el tiempo más que el hombre, que ha sido su creador:

La persistente impertinencia de los objetos,
que tienen la desfachatez de sobrevivirte,
de mantener una eterna juventud 
acaso deslucida por una fina capa de polvo
que rápidamente desaparece al pasar un paño.

Para un pensador como Javier Gallego, resulta quizás un sitio obligado abordar el devenir humano desde la óptica filosófica del panta rei. La memoria del río, uno de los poemas técnicamente más conseguidos, aporta una novedad al tópico literario: la visión de que no es el agua fluyente lo que simboliza al hombre, sino el cauce, el molde vacío del río:

La memoria del río
es su surco abogado,
eterna herida abierta que recuerda
que solo quedarán las cicatrices,
que acaso todos somos ríos secos
sepultados de lodo,
cegados por el brillo de la luz.

El segundo bloque temático ronda la idea del yo vivido como una falsedad, como una frustración, como una culpa. Hay un miedo a verse solo, como delatan los poemas de Balance contable (Arrranca el motor de la soledad / cuando se cierran las cortinas del baño) o La intimidad del Whatsapp (Un zumbido repentino me despierta / del sutil limbo donde te desespero. / Una plegaria atendida). Pero sobre todo, hay una conciencia de estar engañando, de estar engañándose. En el poema La piel que habito (una de las composiciones más contundentes del libro), se afirma que la vida es una lucha diaria por construirte un personaje:

un personaje que se ajuste como un abrigo perfecto,
de tu talla,
una segunda piel;
un disfraz que no te tire de la sisa,
ni te haga marca.

De todos los huecos mencionados salva el amor, como se advierte en el poema Considerando y en No hablo del pasado, hablo de ahora mismo. La belleza, la cercanía de la amada redimen del soliloquio de cada día e infringen el régimen de prisiones que es la vida, e incluso se yerguen contra el fluir del tiempo:

Disfrutar de la eterna primavera
que brota en tu cuerpo cada instante:
así se marca el paso de mis días.

Resulta sumamente curioso que en un poemario que, aunque no explícitamente, es intrínsecamente agnóstico (Silencio cuando Dios enmudeció en Auschwitz, reza su poema Retórica del silencio), abunde cierta terminología cristiana, con palabras como pecado, culpa, el pequeño ángel que vela por mí, examen de conciencia, confesión, absolución, redención, perdonar… Y en el fondo de numerosas composiciones late un fondo de culpa cuya expresión más acertada está en el poema El peso de toda la humanidad, con un sentimiento híbrido entre un escéptico determinismo a lo Émile Zola y el concepto cristiano de pecado original:

No un cuaderno en blanco,
vienes pautado y, con mano firme, 
escriben las generaciones entre tus líneas.


Las gramáticas del tiempo es un poemario de raíz profundamente filosófica, existencial, pero su gran virtud estriba en convertir lo racional en cordial, lo pensativo en sensitivo, en intentar desentrañar desde un punto de vista irracional las reglas sintácticas que rigen las edades humanas, la añoranza del pasado, el irremediable huirse del ahora —el lento suicidio de los días— y el cuidado de lo por venir.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Fábula de la espada y el misil de tierra-aire

Alacrón nos cuenta la siguiente fabulita, salga bien o mal:

LA ESPADA Y EL MISIL 
DE TIERRA-AIRE

Un misil de tierra-aire
sofisticado y perfecto
fue expuesto con otras armas
en la sala de un museo.
Dónde vino a coincidir
por azar o a caso hecho
con un espadón antiguo
que usó el rey Alfonso Sexto.
Al verse el acero cerca
de aquel proyectil obsceno,
aprovechó la ocasión
para decir: «Caballero,
si no os sirve de molestia,
¿podréis prestarme un momento?».
El misil, volviendo el morro,
guardó un curioso silencio
y dijo: «Muy bien, colega.
Si lo pides, te lo presto».
La espada, carraspeando,
ensayó un solemne gesto
de prepotencia y habló:
«No hay un medio más rastrero
y mezquino de luchar
que el que vos habéis impuesto.
Desde que existe la industria
vil de las armas de fuego,
ya no hay soldados al paso,
sino soldadas al peso.
Delegando en los cobardes
el honrado ministerio
de la batalla, adiestráis
asesinos, no guerreros.
Y hacéis de la valentía
un plato rancio y añejo
con la carne de cañón
de los héroes más intrépidos.
Hoy ya no hay miedo a la muerte,
tan sólo hay muertos de miedo».
El misil le contestó
tras escucharlo impertérrito:
«Insultas a tu familia
criticando mis defectos,
pues al fin y al cabo soy
tu tatarataranieto».
«¡Mentís!», saltó la tajante.
Y el misil dijo: «No miento.
Tú eres el primer peldaño
del viejo linaje nuestro,
la idea perfeccionada
del primitivo instrumento
con que Caín mató a Abel.
Tu vástago primogénito
fue la flecha, que se hizo
para matar desde lejos.
Sujeta primero al arco,
buscó la ballesta luego
para acertar en el blanco
con más tino y menos riesgo.
La flecha parió a la bala
de sus bodas con el fuego,
y tornó en cañón su astil.
Después se puso a cubierto.
Allí engendró muchos hijos,
que, con la pólvora, fueron
cada día más mortíferos
a la vez que más pequeños:
la bombarda, el arcabuz,
la culebrina, el mortero,
el mosquete, la escopeta,
el obús y diez mil nietos
pusieron en jaque al rey,
y luego al estado ateo.
Después llegó la fisión
nuclear, y los venenos
del ántrax y el gas mostaza.
Y como máximo ejemplo
de la inteligencia humana,
nací yo, que sin esfuerzo,
soy capaz de recorrer
la Tierra de uno a otro extremo
para alcanzar mi objetivo
con precisión de joyero.
Soy el arma más mortal.
¿No estás orgulloso, abuelo?».
El espadón bramó ahíto
de cólera: «Me avergüenzo
de una estirpe que no tiene
como herencia más que el miedo.
Yo soy un brazo del hombre,
un apéndice de acero
que acomete sin pavor
el combate cuerpo a cuerpo.
Yo requiero a todo el hombre
para luchar, y desprecio
a las armas que se fundan
en la maniobra de un dedo».
El misil, indiferente,
repuso sin titubeos:
«A fin de cuentas, tú y yo
y todo nuestro abolengo
nacimos del ansia eterna
que carcome al homo erectus
de no estar sujetos sólo
a las fuerzas de su cuerpo.
Siglo a siglo ha preferido
combatir con el cerebro.
Sin embargo, siempre existen
una meta y muchos métodos.
Y aun con rasgos tan dispares,
nuestro objetivo perpetuo
es matar al semejante.
¿A que sí nos parecemos?».
Renovarse o morir, dicen
los gendarmes del progreso.
Cambiar de idea es cambiar de arma.
La cultura, el pensamiento
de la Humanidad avanzan
a merced del armamento.
El truco del almendruco
no es matar cada vez menos,
sino en matar como siempre
pero con pedruscos nuevos.