Ya han salido a la circulación las nuevas monedas con la efigie de nuestro nuevo rey, Felipe VI. Este rito, repetido a lo largo de siglos y siglos de continuidad dinástica, ha sugerido en la mente chistosa de Chis la siguiente escena: Antes que la ley prestigie la moneda que, hecha a mano, va acuñada con la efigie en perfil del soberano, ¿irá alguna autoridad o comité distinguido a decirle: ―Majestad, ¿se ve usted favorecido?
Hay dos formas de reaccionar ante el asomo de la vejez: como un filósofo y como un presumido. Nuestro poeta Espronceda gimió ante el espejo mientras, al afeitarse, se descubrió algunas canas: ¡Malditos treinta años,/funesta edad de amargos desengaños! Porque ya se veía más próximo a la tumba. El temor de los presumidos es otro, como sugiere aquí Escorporal: