¿Por qué en las películas las actrices salen en cueros y los hombres no? ¿Por qué las cantantes famosas deben ser explosivas y contonearse voluptuosamente en los vídeos, mientras que los cantantes salen decentemente vestidos e incluso se permiten el lujo de ser feos? Histeriador nos ilustra sobre esta nueva suerte de machismo:
La mujer, en el tumulto
de este mundo sin respeto,
ha pasado entre su insulto
de ser objeto de culto
a ser meramente objeto.
Tras mucho porfiar, Alacráneo ha conseguido que le ceda en exclusiva los viernes. Piensa deleitarnos con un epitafio semanal que, a la par que una sombría reflexión, nos arranque un escozor de narices. Muchos de estos epitafios no están dedicados a personas, sino a buenas intenciones fallidas, esas buenas intenciones de las que —dicen— está el infierno lleno:
Vuelve el veneno a mi terrario. Y veneno con mayúsculas, en una gráfica explicación sobre la transmigración de las almas en la busca infructuosa del nirvana. Adelante, Alacrante:
Esa venenosa araña
que a todo bicho viviente
chupó la sangre con saña,
en su existencia siguiente,
rebajada como ente,
fue político en España.