Hoy vuelve a llevarme el coche a trabajar. No quiero, pero él me lleva. Para befa y escarnio suyo, Alacrante le dedica este soneto (hago esta aclaración para que ninguno lo entienda como la estúpida alabanza que es en realidad):
Aunque mi coche sea un adminículo
creado en realidad para el transporte,
y aunque la industria, en el sutil resorte
publicitario de vender su artículo,
lo deifique de un modo tan ridículo,
a veces es más fiel que la consorte,
y siempre hará que vuele y me conforte
el hecho de ir montado en mi vehículo.
Por eso siento, al ir por la avenida,
que voy con un amigo y que el asfalto
está bajo mis pies como la vida.
Y siento que, aun estando un día falto
de la ilusión de la mujer querida,
con él podré sentirme igual de alto.




