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martes, 16 de enero de 2018

Fin del Almanaque de alacranes

Y ahora sí, adiós. He aquí la última hoja del Almanaque de alacranes. Lo he pasado muy bien con vosotros. Muchas gracias por haber acogido a mis ponzoñosas mascotas:

Tras mil pinchazos y afanes
dados a izquierda y derecha,
hoy firman su última fecha
mis nocivos alacranes.

         GLOSA

Y parece que fue ayer
cuando, con pompa y empaque,
comenzaron a morder 
en las hojas sin hacer
de mi tóxico almanaque.
No han sido nada holgazanes,
han trabajado a piñón,
y por eso mis truhanes
piden ya jubilación 
tras mil pinchazos y afanes.

Nacidos para picar
y provocar escozor,
han sabido envenenar
sin provocar escozor
ni llegarnos a matar.
Certeros como una flecha,
han escrito en breves trazos
el perfil de cada fecha
con mil y un aguijonazos
dados a izquierda y derecha.

Si no es mérito el veneno,
la constancia sí lo es,
y fuera de algún traspiés,
cada día ha estado lleno
y completo cada mes.
Tienen el alma maltrecha
y extenuada, por cierto.
Con la maleta ya hecha
para volver al desierto,
hoy firman su última fecha.

Descansad en vuestro asilo
de solaces ermitaños
con el tórax bien tranquilo
de haber esparcido daños
con vuestro tóxico estilo.
Yo os di el ser y yo os libero
para que hagáis vuestros planes
y envenenéis con esmero
por vuestro propio sendero,
mis nocivos alacranes.




viernes, 17 de noviembre de 2017

Historias de la Secundaria

Historia que podría ser verídica, según Alacrón:

En la clase hay un alumno 
que Crispinito se llama.
Nunca aprobó una materia 
desde que estaba en Primaria: 
ni Inglés, Lengua, Naturales, 
Sociales o Matemáticas.
Por no aprobar, Crispinito 
ni las marías se saca. 
Le hicieron adaptaciones 
curriculares, programas 
de seguimiento específico, 
tutorías a mansalva, 
pero ¿a ti te aprovecharon?
Pues a él menos que nada.
Entre suspenso y suspenso, 
también llaman a su casa, 
a su casa van y van 
y en su casa no hacen nada.
―¡Si no podemos con él!
¡Si hace lo que le entra en gana!
Le pongo el libro delante, 
pero no le aprovechaba.
Nos sentamos a comer 
y nos quita la tajada.
Me echo un rato en el sofá 
y hasta echarme no paraba.
Con que no moleste en clase 
y pase de curso, basta.
Y no molestaba en clase 
y de curso siempre pasa. 
¿Que repetía algún año?
Pues al segundo pasaba, 
que las leyes estatales 
su empujoncito le daban.
Y fue así como llegó 
a Cuarto de Secundaria 
sin saber hacer la o 
por más que se la adaptaran.
Pero en premio a su tesón 
por seguir entrando al aula, 
le entregan su titulito 
firmado del Rey de España. 
Y cuando lo vio, Crispín 
les dijera estas palabras:
―¡Guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau! 
―Pero es que ese niño ladra?
Es que Crispín no era un niño.
Crispín es un perro dálmata.
Pero hacía lo mismito 
que un niño de Secundaria. 

martes, 14 de noviembre de 2017

¡Pobres modelos!

Alacrante y Alacrón se han coaligado para alancear una de las profesiones más prestigiosas y , ala vez, más castigadas del siglo XXI:

¿Una modelo? Una mártir
que denomina a Dios Dieta,
y ella misma es relicario
desde el pie a la calavera.
Lo de modelo le viene
por ser ejemplo que enseña
con sus huesos lo vecina
que la muerte nos acecha.
Tan devota es de su hambre
que tomó (no para cena)
el hábito de San Bueso
por sus hábitos de anemia.
¿Quién más tesón que esa santa
que, en ayuno y penitencia,
de cada día del año
hace un viernes de Cuaresma?
Reticente incluso al ocio,
pellejo adentro no deja
sitio para la expansión
a su alma anacoreta.
Son las palabras almuerzo,
desayuno, cena, etcétera
vocabulario tabú,
y que aproveche, blasfemia.
Mujer osario educada 
en las mejores esquelas,
no sólo exhibe virtudes,
sino muy finas maneras.
Cumple con quien la convida
de manera igual de espléndida;
por eso no hay merendola
ni cena que no devuelva.
Logra así ser más delgada
que su intestino, y las prendas
más que prendas son el cuerpo
que la informan de materia.
Sufre abstinencia de carne,
pero sólo de la muerta,
y con ser tan virtuosa,
se le conocen flaquezas.
Dicen que tanto rezar
al patrón de la anorexia
le quitó el pan de la boca
y la sal de la mollera.
Y aunque tiene a Horacio Flaco
por libro de cabecera,
su cabeza sólo sirve
como atril para melenas.
Amén de la mente a régimen,
en sus costillas encuentran
los flautistas instrumentos
y los yernos matasuegras.
Sus curvas ya no son curvas,
y si alguno la moteja
de esqueleto, es que le toca
en vez de pandero, teclas.
Es chitón de la lujuria,
que al varón, cuando le tientan
tetas no, tuétanos sí,
mucho teme y poco peca.
Aun siendo tabula rasa
en mente y piel, tiene beca
en Castellón de la Plana,
donde la tienen por regla.
Eso sí, por más que hurguéis
no hay quien la gane en honesta:
nunca engordó su currículum
con mentiras de manteca.
¡Qué lección de anatomía
es su paso de osamenta,
con las tetas de perfil,
las curvaturas en huelga,
los muslos en fideuá,
alambrada por las piernas,
pezón y ombligo sinónimos
y hojaldrada en la pelleja!
Id a verla desfilar
con otras monas de feria
en huesos vivos, poniendo
carita de almas en pena
por esos días sin pan
que llaman, según la lengua,
pasarelas en España
y en la China pasalelas.


jueves, 26 de octubre de 2017

Romancero posmoderno

Alacrón acude a las fuentes romanceras viejas para iniciar un corpus posmoderno de romances:

Aburrido estaba el mozo 
y a Internet acude aprisa. 
Chatea que te chatea, 
se topó con una niña.
―Mis cabellos son de oro, 
mis dientes de perlas finas, 
en mi piel cruje la seda 
y en mis ojos nace el día.
―Yo mido metro noventa, 
y el gimnasio es mi guarida; 
cuando no levanto pesas, 
mancuernas levantaría.
Se citaron en un bar 
que a tabaco rubio olía.
Ella iba de morado 
y él llevaba gorra lila.
Llega uno, llega otra 
y entrecruzaban la vista; 
se buscan y no se buscan,
se miran y no se miran.
Ven las señas que se dieron, 
mas no aciertan con las pintas, 
que Internet hace decir 
alguna que otra mentira. 
―¿Tú eres el metro noventa?
―¿Y tú eres la que decías?
―¿Dónde está tu musculamen?
―¿Dónde están tus perlas finas?
―¿Y qué es esa panza enorme?
―¿Qué son esas espinillas?
Y así hilvanaron preguntas 
con bebidas, las bebidas 
con historias de alma adentro  
y las historias con risas.
Y si daba calorcito 
teclear sobre una silla, 
más sabroso es el calor 
que se encendía en sus risas.



miércoles, 25 de octubre de 2017

Siete palabras al azar

En cierta ocasión, un vate propuso a mis alacranes que compusieran un soneto a partir de siete palabras aleatorias. Dichos vocablos, pronunciados al azar por siete bocas inocentes, resultaron ser los que siguen: piruleta, resistencia, venturoso, ruiseñor, palabra, niebla y venturoso. Esto les salió:

La vida es una dulce piruleta
que lame el tiempo como buen goloso;
se zampa cada sueño venturoso
y siempre quiere más, nunca está a dieta.

Sin que opongamos resistencia o treta,
nos chupa, nos desgasta sin reposo
y vuelve nuestro cuerpo antes lustroso
en niebla al sol, en humo de escopeta.

Del ruiseñor pervive la armonía,
pervive la fragancia de la rosa;
de mí, cuando la tumba se me abra,

habrá una flor sobre mi carne fría,
encima de mi carne habrá una losa,
y encima de mi losa, una palabra.


jueves, 12 de octubre de 2017

Fabulazo (FIN)

He aquí la conclusión del Fabulazo, con dos curiosos protagonistas:

         La fábula y tú

Érase una vez tú mismo
que me leías temblando.
Y cuando digo tú mismo,
digo tú, cara de pánfilo,
no el lector neozelandés
que me leía asombrado
en la puerta de su vieja
librería de anticuario,
sino tú, el lector que acaba
de leer quizás con pasmo
que un lector neozelandés
me leía a mí asombrado
tras la puerta de su vieja
librería de anticuario.
Soy este libro, esta fábula
que da fin al fabulario,
y tú no eres la persona
que malgasta en mí sus ratos;
eres otro personaje
hecho ad hoc para el relato,
tan ficticio como Hamlet,
Don Juan, Don Quijote o Fausto;
tan irreal como el olmo,
el suicida y el guepardo
con que empezaste el poema
considerándote a salvo.
Tú y yo somos más que amigos,
más que esposos, más que hermanos,
y aun así no somos más
que un papel hecho pedazos. 
No te engañes: no me lees,
eres leído, y lo malo
es que eres tú quien se lee
ignorante de ser falso.
Desde que nos conocimos,
decidimos suicidarnos,
y mientras corres de un verso
a otro verso desbocado,
estás leyendo las líneas
firmadas de tu desahucio:
a cada verso que acabas,
cavas tu tumba a mi lado.
Un día me conociste
y entablamos un diálogo:
yo hablaba y tú me explicabas,
aunque hablaba de ti, claro.
Fui contigo a todas partes
ya en tu mente, ya en tu mano.
Te acompañé en las comidas,
en el altar de tu cuarto,
en el trabajo, en la calle,
hasta en el cuarto de baño.
No hay comunión más perfecta
que la que tú y yo formamos,
pues sólo existo si tú
me pronuncias con tus labios,
y sólo existes si yo
soy tu espejo y te retrato.
Sé consciente desde ahora
de que somos, al amarnos,
tú una ficción, yo una fábula,
y los dos confabulamos
vanamente contra el tiempo
que los versos nos han dado.
Te consideras seguro
porque crees que yo me acabo,
e ignoras que estás muriendo
―¡adiós! por adelantado―
en brazos de las palabras
con que te estoy sentenciando.
¿Acaso crees que respiras
oxígeno cuando hablamos?
Respiras los octosílabos
inspirados y expirados
que agonizan en tus ojos
mientras lees este epitafio.
Cuando acabes los diez versos
sepultados aquí abajo
y descanses de sus ripios
bajo un rip y un par de palos,
tú, aunque aún no te lo creas,
lector querido y creado
que sólo existes por dentro
de este sueño literario,
apenas cierres el libro,
también te habrás acabado.

FIN DEL FABULAZO