Ponzoñón aprovecha la reciente llegada de la primavera para criticar las costumbres últimamente sedentarias de las antaño nómadas cigüeñas:
LAS CIGÜEÑAS
Y EL VERTEDERO
Se aprestaba una bandada
de cigüeñas a emigrar
cuando, a mitad de jornada,
hallaron un muladar.
«Quedémonos aquí abajo.
Con esta pensión completa,
no habrá que buscarse el tajo
cruzando medio planeta».
Y se quedaron no un día,
sino hasta diez estaciones,
dando lugar a la cría
de otras diez generaciones.
Un día, el ayuntamiento
de aquella ciudad dispuso
cambiar el emplazamiento
del vertedero en desuso.
Y soterrando entre peñas
y pinares la basura,
privaron a las cigüeñas
de su comida segura.
Viéndose sin pan ni vino
y casi en pleno verano,
emprendieron el camino
de vuelta a suelo africano.
Como ya se habían muerto
las que sabían llegar,
nunca llegaron a puerto
y se ahogaron en el mar.
Cuando el progreso te tala
las raíces, no podrás
ni echar adelante el ala
ni echar el ala hacia atrás.