lunes, 23 de febrero de 2015

Juan Carlos I

Se cumplen hoy 34 años del 23-F. Alacrón, el más gordo de mis escorpiones, ha escrito un romance sobre nuestro jubilado Juan Carlos I, que junto a Alfonso XII, El Cid y don Rodrigo pasa a integrar así el prolijo e ilustre corpus de reyes españoles romanceados. Sin duda alguna, la hazaña que despierta en los españoles un orgullo más unánime sobre el monarca no fue su protagonismo indiscutible en la Transición ni su heroica fidelidad a la democracia en el golpe de estado, sino la siguiente proeza:

Estaba el rey don Juan Carlos
sentado en mesa ovalada
con los veinte gobernantes
de las naciones hispanas.
Todos hablan una lengua,
todos llaman madre a España,
cien políticos se sientan,
solo uno rey se llama.
Entre gestos de concordia,
palabras de paz trataban
si no es el venezolano
que espumea enojo y saña:
—Gran traición hizo Madrid
a su hermano de Caracas
cuando apoyó el cuartelazo 
que puso en jaque a mi patria.
Lobos, hienas, sierpes son
los mandatarios de España,
a quien ya no llamo madre;
mejor la llamo madrastra.
Allí hablara el presidente
que en España gobernaba:
—Lobos no son los que elige
ningún pueblo en democracia.
—Díselo tú al presidente 
que antes que tú gobernaba.
—Exijo que no me diga...
—Díselo tú a ese canalla.
—Yo le exijo que respete...
—¡Que se lo digas, y basta!
Removiéndose en su silla
el paciente rey de España,
incapaz de consentir
tal desvergüenza en sus barbas,
volviose al venezolano 
con la faz roja de rabia
y, con regia autoridad,
gritó: —¡¿Por qué no te callas?!
Enmudeció a los presentes
el bramido del monarca.
Bajó el cubano los ojos,
se escondió el de Nicaragua,
el de Méjico reía
y el argentino callaba.
Allí habló el de Venezuela,
bien oiréis lo que gritaba:
—Tiemblen, tiemblen las empresas 
que España en mi tierra ampara;
teman todos los banqueros,
agárrense las finanzas,
santígüense las eléctricas
y las petroleras salgan,
si este rey que se ha valido
de su apellido y su casta
no pide luego disculpas
a mi pueblo y a mi patria.
¡No me manda a mí callar
ningún rey de la baraja!
Levantó el rey de su asiento
la su estatura gallarda
y, en lugar de darle a Chávez
un sopapo en esa cara,
más comedido y cortés,
tan solo le dio la espalda.





7 comentarios:

  1. Oleeeeee......pedazo de romance....está genial....me he levantado hasta de la silla para aplaudir....cada día te mejoras más y más....Un fuerte abrazo...

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    1. Gracias. No te calles, José (siempre que sea para alabarme, je je).

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  2. ¿No hay emoticonos en el blog?Bueno pues pondría muchos aplausos. Bravo, braviiiisimo.

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    1. Gracias, gracias... Tus palabras suena mejor que un emoticono.

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